Graciela
Montes dice que hay un lenguaje silvestre y un lenguaje
oficial. Habla de cuando las palabras se separan de las cosas;
Algo así, más o menos, creo que dijo: el adulto otorga el
lenguaje y cuando lo otorga, se impone, coloniza. Los chicos no se
someten pasivamente a esa colonización, sino que se adueñan del
lenguaje; exploran a fondo las palabras, las violentan, las cargan
arbitrariamente con sus propias experiencias vitales.
viernes, 12 de abril de 2013
jueves, 11 de abril de 2013
Que se yo - 11
prólogo
De
pronto estoy descableada. Tardo tanto en sentarme, por fín, a
escribir, y ¿qué?
Estoy
descableada. No sé cómo atacar este blanco con esta lapicera
fuente.
Descableada
podría ser muchas cosas, conociéndome, ¿sabés?, pero no es ni más
ni menos que la falta de un cable imprescindible para poder conectar
mi notebook. Y escribir. Y ver lo que ya te escribí. Y releerte.
Porque cada cosa que pienso es mi modo de releer tu ausencia. Así,
volvés, para poder irte. Yo te voy, en una conjugación reflexiva y
concienzuda; caprichosa y necesaria para serme libre.
viernes, 5 de abril de 2013
Círculos
Soy Helen
Steen. Escribir desde las respuestas no es para mí. El hielo es un
obstáculo, bóvedas fractales que deslizan cualquier paso. Cuando un
pie se hunde, entonces sí logra avanzar el otro. Pero lleva tiempo
caminar acá. Todo desplazamiento lleva tiempo; no hay modo, ni
posible ni imposible, de moverse sin que el tiempo pase.
Tal vez
sea una ilusión.. el tiempo. No sé.
¡Y el
sonido!
La
cadencia irregular, perfectamente asimétrica de una gota cayendo una
y otra vez. De a ratos sólo se oye silencio. Hace frío en los
polos... creo que ya se los dije.
No sé.
Tendré
que buscar comida hoy... tengo hambre.
Mientras
tanto, me entretengo:
sábado, 30 de marzo de 2013
Un escrito a pedido
un pedido de Esperanza
A Elena la conocí una noche.
Me impactó su memoria, capaz de vivir sólo entre sueños, reproducidos al más mínimo detalle.
Cuando le conté de este block, se mostró reticente; lógico, pensé, desconfía de la existencia, no la puedo juzgar por eso.
Pero la convencí. Y aceptó contar uno, dos, tres sueños.
Y es curioso, porque ahora además de leerla, necesito pedirle ayuda.
Se mostró reticente.
- Los sueños no son poemas, dijo.
-Pero Elena, te necesito, contesté. No sé cómo hablar hoy, la realidad me calla.
-Está bien, te puedo ayudar.
-Gracias, Elena, escribí por mí esta vez. Alguna noche voy a hacer lo mismo por vos.
Elena se sentó en la cama, pocas veces sale de ese nido. Es una persona, no diría parca, tal vez sí paradisíaca.
Ni se me ocurrió abrazarla.
Sin embargo le estoy profundamente agradecida, por cerrar los ojos en mi nombre.
Por devolverme por un rato las palabras.
"Los sueños no son sino madejas de paja
en donde anidan todas las preguntas.
Las preguntas que no se saben
preguntas,
no pueden jamás tener respuesta
(y sin embargo, insisten)"
A Elena la conocí una noche.
Me impactó su memoria, capaz de vivir sólo entre sueños, reproducidos al más mínimo detalle.
Cuando le conté de este block, se mostró reticente; lógico, pensé, desconfía de la existencia, no la puedo juzgar por eso.
Pero la convencí. Y aceptó contar uno, dos, tres sueños.
Y es curioso, porque ahora además de leerla, necesito pedirle ayuda.
Se mostró reticente.
- Los sueños no son poemas, dijo.
-Pero Elena, te necesito, contesté. No sé cómo hablar hoy, la realidad me calla.
-Está bien, te puedo ayudar.
-Gracias, Elena, escribí por mí esta vez. Alguna noche voy a hacer lo mismo por vos.
Elena se sentó en la cama, pocas veces sale de ese nido. Es una persona, no diría parca, tal vez sí paradisíaca.
Ni se me ocurrió abrazarla.
Sin embargo le estoy profundamente agradecida, por cerrar los ojos en mi nombre.
Por devolverme por un rato las palabras.
Esperanza Van Nooit
viernes, 8 de marzo de 2013
Encuentro
Me llamo Helen Steen y nací en un iceberg.
No es fácil ver más luz que la que encandila los poros de las estalactitas.
Hace frío en casa. Pero es mi casa y me gusta.
A veces hace calor, y me aburro.
Es entonces cuando intento seguir con una tarea que me representa un desafío escalofriante: terminar esta obra.
Se llama Encuentro y por ahora no es más que un esqueleto desorganizado.
Surge de una pregunta, mis preguntas, como todo: ¿qué es un encuentro?
Y así, llegan los diálogos. Y por qué no, algunas acciones:
No es fácil ver más luz que la que encandila los poros de las estalactitas.
Hace frío en casa. Pero es mi casa y me gusta.
A veces hace calor, y me aburro.
Es entonces cuando intento seguir con una tarea que me representa un desafío escalofriante: terminar esta obra.
Se llama Encuentro y por ahora no es más que un esqueleto desorganizado.
Surge de una pregunta, mis preguntas, como todo: ¿qué es un encuentro?
Y así, llegan los diálogos. Y por qué no, algunas acciones:
El
Hombre nota que la Mujer no participa. De todos modos sigue adelante:
le besa la panza, el costado de la cadera. Se detiene en seco. Se
sienta a un costado, molesto, se acomoda la entrepierna, rígida.
Niega con la cabeza. Agarra a la Mujer de la muñeca y la sacude.
Hombre:
De todas las sensaciones que me despierta este baile que no nos es
confiscable, hay una que se eleva por sobre las demás. Ocurre cuando
mi juicio se suspende, luego de las chispas que nos sacamos, en que
vos me lanzaste tus razones y yo te retruqué las mías. Y esa
sensación se me escurre cada vez que trato de definirla con
palabras...
La
Mujer le toma la mano con suavidad y entrelaza sus dedos con los del
Hombre.
Hombre:
Se parece a una calma grande en el centro que
me hace preguntarme ... ¿cómo es posible que algo fuera de
mí, que tiene su propio hígado, su propio páncreas y vísceras y
órganos y todo, sea por momentos indiscernible de mis límites?…(mira
a la Mujer) ¿Hay más té preparado, amor?
Mujer:
No entendí nada. Pero igual te creo.
jueves, 21 de febrero de 2013
Un viaje en este tiempo
partida
Un
abrazo antes de partir
El
arredro, un silencio de despedida
que
todo lo dice
Y
mi lumbre
Y
mis fósforos
prestos
para la emergencia
La
bengala, un arco iris de cotillón
no
la incendio,
la
disparo al cielo en casos de añoranza.
Desde
estas tierras húmedas
que
tanto abandono, en constante volver
Allá
voy, al encuentro de mi misma
Parto
En
mi buque de edades
con
la tripulación del desencanto
y
la voluntad como salvavidas.
Un
adiós y hasta pronto,
la
esperanza se agita, pañuelo dormido
Y
siempre mis ganas.
sábado, 2 de febrero de 2013
Que se yo - 10
postdata
Hoy
es sábado. El lunes o martes de la semana pasada te dejé, ¿sabés?
Ya no quiero contarte nada, no en la lengua de las aproximaciones, al
menos. No en la segunda persona del singular, no te hablo a vos, a
ese encuentro fortuito con mi imaginación. Las cartas y sus viajes
transatlánticos siempre me fascinaron. Saber que fueron escritas,
dobladas con cuidado, puestas en un sobre y despedidas con un beso;
un beso postal, en ese lamer el borde dulce del papel avión, o del
otro, porque casi nadie usa ya los recipientes livianos con figuritas
rojas y azules. Casi nadie manda cartas ya, a decir verdad. Yo
sí.
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