Encuentro (uno de verdad)
Esto pasó antes de que Iris, una mujer
sin palabras, llegara casi desnuda a la puerta de la cueva. Había
salido de la nada y con la nada misma en sus ojos. Helen se
estremeció al verla y dudó si hacerla pasar, o mandarla de vuelta
al pantano muerto del que parecía haber venido. Fue el susto lo que
le ganó terreno a su generosidad, no otra cosa.
Esperanza, más rápida de reflejos ese
día, invitó a la sombra de Iris a sentarse junto al fuego. La ubicó
a una distancia prudencial, como para que no se desintegrara lo poco
que quedaba de ella. Y la arropó.
Pero antes, unos pocos días antes,
tuvo lugar esta conversación que pude oír. Yo me iba durmiendo y
aún con los ojos cerrados podía verlas; y asi, las oía hablar.
El murmullo de sus voces daba forma a
las imágenes, borrosas primero, de tonos intermitentes, con excesos
de algún color, que se alternaban inmediatamente con su
complementario. Después la escena completa se estabilizó y todo
transcurrió en presente puro:
Esperanza, acurrucada entre las
pieles de la cama de Helen. Su fragilidad es la del
espantapájaros después de una tormenta eléctrica. Su fragilidad
aparente. En el fondo, Esperanza es mas fuerte que Helen y eso es un
secreto a voces.
La cueva de Helen, un témpano. O una grieta
profunda en alguna pared olvidada del Polo.
¿Qué importa dónde o
cómo?
Hace frío. Y afuera solo hay viento. Y escarcha. Y
hielo.
- Te lo digo, Helen, vuelven, siempre vuelven...
-
Si te parece, así sera.
- ¡Es! … Se van, pasa el tiempo,
me piensan, me olvidan, se enojan y vuelven a olvidarse. Y siglos
después, mayormente cuando tienen frío, vuelven.
- No se por
que no mentís. Deberías darle a todos la misma dirección: una casa
en el árbol de un bosque, sin puertas ni ventanas.
- ¡Helen!
No podía hacer eso... pero ahora es distinto. Van a volver, porque
siempre vuelven... y no voy a estar.
¿Y si te
encuentran?
¡Me haces reír, Helen! ¡No seria posible! ¡No
es posible encontrar a alguien que ya no existe mas!Se ríen. Las amigas se ríen entre los
vapores de sus bebidas calientes. Los ojos de Esperanza están
empañados. Esta vez de felicidad.
La voz de Esperanza se
metió, profunda, en el comienzo de mis sueños.
Siempre me fascinó el fenómeno de
condensación. Y las dos mujeres ríen tanto, que parecen una sola.