¿cómo
se escribe un cuento?
En
ese buscar todo para dar con un cuento, a veces le parecia que la
habían venido a buscar y que estaba encarando el proceso por la
punta inversa del rulo.
“Deben
ser impresiones nomás”, repetía.
Impresiones
que se parecen a la intuición cuando nos asalta de golpe, para
instalarse en cada milímetro de nuestro cuerpo. Y cuando no era esa
mujer de labios gruesos y arrugas junto a la boca la que se hacía
presente, eran los ojos de otra mujer más joven, de pelo corto y con
pensamientos o fantasías similares. De las dos había visto varias
fotos en blanco y negro, porque estas mujeres no eran de la época de
la película en colores. Y si eran, no eran esas las imágenes que se
publicitaban de sus existencias. Como las dos hubiera querido ser, si
no fuera porque de la primera no le gustaban sus supuestas
convicciones ideológicas y la segunda se había suicidado demasiado
joven; no es que fuera quién para condenar semejante decisión, pero
una vida tan breve le daba más susto que entusiasmo.